sábado, 16 de mayo de 2026

EL DERECHO: MÁS ALLÁ DEL INCISO, UNA CULTURA GENERAL



Por: Edier Mendoza Vanegas

16 de mayo de 2026

 

 

El Derecho no consiste en la simple memorización de un inciso que el legislador puede cambiar el día de mañana. En un sistema jurídico como el colombiano, caracterizado por un exceso de leyes, la memoria resulta insuficiente. ¿Cómo memorizar un universo normativo en constante transformación? El verdadero reto no es repetir la norma, sino saber aplicarla. No es un ejercicio aburrido, sino de profunda disciplina; es la exigencia de entender que el Derecho no es solo responsabilidad técnica, sino una estructura que sostiene la vida en sociedad.

 

A menudo, el común de la gente cree saber de leyes basándose en fragmentos de la realidad, en el amarillismo o en el "me dijeron". Sin embargo, el Derecho no es estar pegado a un código; es un estudio multidisciplinar. Es la aplicación procesal de una norma para lograr la efectividad de un proceso, garantizando el cumplimiento de deberes y derechos.

 

En este sentido, el Derecho se manifiesta en dos dimensiones esenciales: la escrita y la oral. La escritura garantiza la seguridad jurídica; lo que queda probado bajo la claridad y verificación documental ofrece estabilidad y sirve como medio de control y prueba. Por otro lado, la oralidad aporta inmediatez, contradicción y transparencia. El juez necesita escuchar a las partes, a los testigos y a los peritos para que el debido proceso sea una realidad palpable y no un simple trámite burocrático.

 

Para entender el porqué de nuestras leyes, debemos acudir a la historia. El Derecho es entendimiento evolutivo. Por ejemplo, no se puede comprender la normativa actual en Colombia sin analizar la historia de nuestra violencia. De igual forma, el Derecho Romano —que estudiamos desde los primeros semestres— no es un simple repaso nostálgico, sino el sistema que nos rige. Cuando hablamos de un contrato de compraventa o incluso del derecho deportivo (donde se transan derechos de jugadores), estamos utilizando estructuras que encuentran su raíz en el Corpus Iuris Civilis y en las instituciones romanas de personas, bienes y obligaciones.

 

Pero el Derecho no solo es norma y técnica; es también filosofía. Desde la Grecia clásica, la búsqueda de lo justo ha sido el motor del pensamiento jurídico. Sócrates nos legó la importancia de la moral y la verdad; Platón, en La República, planteó la armonía social donde cada quien cumple su función; y Aristóteles distinguió entre la justicia distributiva y la correctiva para resolver conflictos. En aquel tiempo, la relación entre Derecho y democracia era intrínseca: las decisiones se tomaban en asambleas, con un enfoque más filosófico que técnico, basado en conceptos como equidad y dignidad. Esto nos lleva a la pregunta eterna: ¿Es el Derecho una ciencia? Es, al menos, la búsqueda constante de conceptos jurídicos para entender la hipótesis de la conducta humana.

 

Finalmente, es necesario abordar la relación entre el Derecho y la política. A menudo cometemos el error de separar estas esferas o, peor aún, de instrumentalizar las facultades de Derecho para el adoctrinamiento. Es lamentable cuando el aula se convierte en un escenario para censurar pensamientos ideológicos o para atacar sectores específicos en lugar de estudiar las estructuras de poder, los organismos de control y las funciones del Estado sobre la sociedad.

 

En conclusión, el Derecho no es memorizar artículos ni vivir atado a un inciso. El Derecho es cultura general; es la herramienta que nos permite entender por qué existe una Constitución y por qué necesitamos un ordenamiento que regule nuestra convivencia. Ser abogado es, ante todo, comprender la sociedad para poder transformarla.



 

jueves, 2 de abril de 2026

¿QUÉ PASÓ CON EL PARTIDO CONSERVADOR? EL PARTIDO DE NUESTROS PADRES



¿Qué pasó con el partido de nuestros padres?

El Partido Conservador Colombiano, fundado bajo las tesis de Mariano Ospina Rodríguez, se edificó sobre principios claros:

1. Defensa del orden y la autoridad.

2. Un Estado centralista.

3. La educación y la moral orientadas por la Iglesia Católica.

4. Una economía regulada, con énfasis en la propiedad privada y la iniciativa individual.

5. Rechazo a reformas radicales que desestabilicen el orden social.

6. Defensa de la familia tradicional y la institucionalidad religiosa.

Este ideario no solo definió una doctrina, sino que estructuró durante décadas la vida política colombiana.


De la hegemonía al protagonismo nacional

El conservatismo no fue un actor menor en la historia del país. Tras la Guerra de los Mil Días, y especialmente durante la llamada Hegemonía Conservadora, Colombia experimentó procesos de modernización:

· Expansión de la radio y las telecomunicaciones

· Desarrollo del transporte (ferrocarriles, aviación, automóvil)

· Crecimiento industrial

Ejemplo de ello fue Barranquilla, con iniciativas como la SCADTA, que impulsaron el desarrollo urbano, incluyendo zonas como el barrio El Prado.


El bastión del Atlántico y Sabanalarga

El Atlántico, y particularmente Sabanalarga, fue durante décadas un bastión conservador. Desde allí surgieron figuras como:

· Carlos Rodado Noriega, ministro, constituyente, gobernador y diplomático.

· Evaristo Sourdís, líder regional y candidato presidencial en 1970.

En esa época, el conservatismo no solo tenía representación, sino estructura, identidad y liderazgo.


La advertencia ignorada

Ya desde mediados del siglo XX, Laureano Gómez advertía:

“¡Ay del Partido Conservador si, olvidando la doctrina, se envenena con el personalismo!”

Sus palabras resultaron proféticas.
El partido comenzó a perder cohesión doctrinal, reemplazando ideas por intereses.



1991: el inicio del fin del bipartidismo

Con la Constitución de 1991 se abre el sistema político:

· Surgen nuevos partidos

· Se fragmenta el electorado

· Aparecen movimientos personalistas

Incluso líderes como Álvaro Gómez Hurtado se apartan y crean alternativas como Salvación Nacional.

La ruptura definitiva: 2002 en adelante


La elección de Álvaro Uribe Vélez en 2002 marca un punto de quiebre:

· El conservatismo pierde su identidad propia

· Sus votantes migran hacia nuevas fuerzas (Partido de la U, Cambio Radical)

· Se diluye en coaliciones sin doctrina

En el Atlántico, además, surge con fuerza la casa Char, reorganizando el poder político regional.


El declive electoral (1990–2026)

Durante tres décadas, el Partido Conservador pasó de ser protagonista a desaparecer:

· Años 90: fuerte presencia (senadores y representantes)

· 2000–2010: transición y pérdida de cohesión

· 2014: inicio del declive real

· 2018: escándalos como el de Aída Merlano afectan su legitimidad

· 2022: última representación relevante

· 2026: desaparición total en el Atlántico


La caída: clientelismo y pérdida de identidad

El problema no fue solo electoral, fue estructural:

· Clientelismo

· Corrupción

· Pérdida de doctrina

· Liderazgos sin coherencia ideológica

El partido dejó de ser una comunidad de principios para convertirse en una suma de intereses.


¿Muerte o transformación?

Hoy, el conservatismo enfrenta una disyuntiva:

· O desaparece como fuerza histórica

· O se reconstruye desde su doctrina

Algunos intentos de recomposición han surgido alrededor de figuras como Enrique Gómez Martínez, heredero del pensamiento de Álvaro Gómez Hurtado.


Conclusión

El Partido Conservador no murió de un día para otro.

Murió lentamente:

· Cuando abandonó sus principios

· Cuando reemplazó la doctrina por la conveniencia

· Cuando dejó de formar líderes y comenzó a fabricar políticos

Como lo advirtió Laureano Gómez:

“¡Ay del país si el Partido Conservador no está a la altura de su deber!”

Hoy, esa advertencia resuena más vigente que nunca.





EDIER MENDOZA VANEGAS
Marzo 23 de 2026